viernes, 25 de septiembre de 2015




Después de la Fotografía 


Fred Ritchin


Es muy cierto en hechos que ya nada es como solía ser, hace un rato venia en autobús rumbo a Tlaxcala leyendo este libro desde mi Tablet al mismo tiempo que revisaba otros artículos y libros descargados en el trascurso del viaje, antes eso  era más complicado  por el peso del equipaje,  es un punto a favor de las nuevas tecnologías, sin embargo es muy cierto que la vida real y la vida virtual se viven de diferentes maneras pues dedicarle tiempo a lo virtual tiene su costo y sin darte cuenta  te desconecta de lo que está sucediendo alrededor se pierde uno del recorrido o de una posible conversación agradable y cálida por estar tratando de estar más o menos actualizada en lo que respecta a estar “informada” de lo que sucede en la vida real o de lo que te interesa, es algo contradictorio. Ver que sujetos dependen del  teléfono celular  y/o que lo revisan cada 30 segundos más o menos,  para ver si hay nuevas actualizaciones en sus redes sociales y mantenerse al margen de las “fotos” que sus contactos suben,  de lo que hacen o dicen, si esta de miedo, porque  ya no se toman el tiempo de leer,  solo miran de reojo todo mientras su dedo pasa y pasa de una manera autómata imágenes con o sin texto,  textos abreviados cargados con emoticons a manera de sustitución de palabras o sentimientos del mismo mensaje  y solo se detienen un segundo cuando alguna de esas imágenes llama su atención pero solo por un instante, todo el día estamos viendo imágenes de manera voluntaria y de manera obligada y más en la ciudad hay una saturación exagerada que llega un momento en que a la vista lastiman,  sin embargo es como un mal necesario pues uno no puede dejar de verlas de hecho estamos tan acostumbrados a ellas que para todo hoy en día requerimos de una imagen (de donde sea o de quien sea para una gran población, no es importante, ponen en el buscador una palabra que se le aproxime a su necesidad y le aparece una cantidad exagerada de imágenes, que solo se descargan de la red para subirla nuevamente a esta, sin tomarse el tiempo de investigar la fuente o si es de un fotógrafo profesional,  un amateur, o un ocioso sin chiste que crea imágenes a través de su teléfono del instante narcisista en que se encuentra y las sube a la red esperando recibir un comentario o un like, solo por tener esa necesidad de querer decir algo o solo llamar la atención, querer ser  “original”)  lo que importa es hacer más creíble o entendible lo que queremos decir o expresar.  Y es por esto y muchas razones más,  donde uno al igual que el autor se pone a pensar en qué momento el peso de la fotografía que documenta se vuelve solo un documento y pierde su valor de cómo fue concebida.  Con el internet la fotografía se consume de diferente manera y también  se interpreta de distinta forma, ya desde un contexto más global, pues es accesible para todo el  mundo por lo tanto una gran parte de la población sube imágenes de su ahora y hoy en día hay una mayor acumulación exagerada de imágenes en cada segundo. ¿Cómo se ha dado toda esta evolución tecnológica?, para muchos y me incluyo no había sido cuestionable,  uno se vuelve parte de esa “realidad”, si es para detenerse a reflexionar por un buen ratote, poner más atención y cuestionarse mucho  lo que está sucediendo con la fotografía y con todo a lo que uno compete.



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